martes, 9 de octubre de 2018

Himnos



Hay que ver cuán bellos son los himnos patrios. Despiertan la emoción por una razón de peso: la música que nos hace sentir que un colectivo forma parte de una Historia sostenida en manos de Dios y de sus grandes designios. El problema es que nos quedamos con la emoción sin que quede casi ninguna razón de ser, porque lo que dicen estas canciones no está en consonancia con el estilo de vida actual. Son temas en torno a la "pagesia" de tiempos pasados, la vida en el campo, la unión con la tierra, la producción artesanal y la conciencia de ser hijos de otras culturas, sangres e idiomas. Reivindicar una identidad regional debería llevar parejo, de facto, el volver al pasado. Si no ¿para qué todas estas pamplinas regionalistas del 9 de octubre?. En la falange se nos educa para aprender a vivir conforme al pensamiento y al sentir, y todo aquello que se canta, se lee, se trasmite en cualquier medio legítimo y valioso es para vivir conforme al mensaje.  Y en el caso de la "muixeranga", el himno propiamente independentista, el mensaje es más radical, prácticamente una vuelta a los celtas y a su religión de la Dama-tierra, y a la sensibilidad de los poetas andalusíes del medioevo. ¿Para qué cantar aquello que no se siente ni se vive?. No hay verdadero idealismo en la política.

El ángel y el desierto


Un hombre de mediana edad, artista de vocación, decide volar alto y buscar las estrellas, pues el mundo de allá abajo no comprende algo tan sencillo como imaginar a una boa tragándose a un elefante. Un mundo, en definitiva, de política, economía y máscaras. Pero durante uno de sus vuelos sufrirá un accidente y tendrá la oportunidad de estar perdido en el corazón del desierto. La película se compone de metáforas que nos remiten a una metáfora ( o a más de una ) hiriente y abarcadora. Ese hombre podemos ser cada uno de nosotros, para ser transformados necesitamos perdernos durante un tiempo en el desierto de la vida, porque allí se esconde el Sol de justicia. Allí donde aparece un ángel ofreciendo, como regalo, su misterio. La película es de visión obligada antes de poder seguir la marcha, se trata de la versión del clásico dirigida por Stanley Donen en 1974. Como experiencia moral y estética, puede que sea incluso más poderosa que el libro de Antoine de Saint-Exupéry y, concretamente, nos levanta en indescriptible vuelo a partir del momento de la "aparición" precedida por una ráfaga de viento; Richard Kiley trabaja intentando reparar el motor de su avioneta y, de repente, entre el viento, surge la voz de "por favor, ¿podría usted dibujarme una oveja?".  Desde ese punto y hasta el final, es un recital de dulzura casi constante ante el cual el corazón puede desfallecer, pero no habrá sanación sin una herida profunda y dolorosa como el balazo de un magnum del 44. Es un vuelo, por otro lado, demasiado sensible para el mundo actual, y quien ahora pudiera aprovecharlo y apreciarlo contribuirá a reivindicar esta joya, la cual ya en 1974 pasó por las carteleras sin éxito. Pero hay más. Esta apoteosis de dulzura se permite el lujo de concluir con un final muy oscuro y revestido de una confusa esperanza, donde la serpiente antigua y su letal veneno de engaños triunfa, y consigue destruir la inocencia ( muy en especial, para los conocedores de la Santa Biblia ). Y, en ese sentido, la película ya estaba hablando, mediante la metáfora, de nuestra realidad social y espiritual. Se están cargando la belleza y la inocencia del mundo, pero con estas armas no prevalecerán.  
 

Románticos ardientes

Es lícito conquistar el mundo con ardiente fuego de ideales e impetuosos vientos del alma. El error de Hitler y del nacionalsocialismo cons...